En vivo...

Estás escuchando...

Milenium Clásica

Panorama Mileniuminstagram @fmmilenium twitter @fmmilenium facebook @fmmilenium

Basta oír ese nombre para pensar en Lorenzo el Magnífico, príncipe de Florencia durante el Renacimiento, mecenas de artistas como Miguel Ángel o Leonardo da Vinci.

 

Pero aunque ese Lorenzo de Medici murió hace 525 años, su herencia sigue viva. La prueba está en Lorenzo de Medici, un escritor nacido en Milán hace 66 años, afincado en la actualidad en Portugal y descendiente directo de los Medici. Es el último de ellos, en sentido literal.

Ni él ni su hermano tienen hijos, así que con ellos se extinguirá una familia que ha existido durante 800 años, que financió a poetas y artistas como Dante Petrarca, Boticelli, Donatello y que ha dado al mundo reyes, príncipes y tres Papas.

¿Qué supone llamarse igual que Lorenzo el Magnífico y ser descendiente de una de las familias más poderosas e influyentes del Renacimiento en Florencia?

Sobre todo supone una carga. Llamarte Lorenzo de Medici te obliga a ser consciente de que representas algo para mucha gente. No sé bien qué es lo que represento para los demás, pero tienes que estar a la altura.

La gente cuando me conoce espera por ejemplo que yo sea una enciclopedia del Renacimiento. Sé bastante de ese periodo histórico, pero por supuesto no todo. Son muchos los que me dicen que me admiran por ser un Medici, pero no saben explicar realmente por qué.

Su familia dominó Florencia durante tres siglos, desde el año 1400 al 1700. ¿Cómo lo consiguieron?

El punto fuerte de los Medici fue el marketing, eran fantásticos en eso, sabían venderse muy bien. De hecho, familias como los Rockefeller o los Fugger han tratado de imitarnos, de hacer mecenazgo, y no han conseguido llegar adonde nosotros llegamos.

Pero hay que tener en cuenta que la fuerza y el poder de los Medici no procede únicamente de una persona, no es sólo obra de Lorenzo de Medici como algunos piensan, sino que toda la familia trabajaba unida en la misma dirección. Todos los miembros de la familia Medici tenían su propia colección de arte, y eso nos distingue de otras familias de mecenas.

¿En qué consistía exactamente el marketing de los Medici?

Consistía en hacer obras públicas. La mayor operación de marketing de los Medici fue colocar la cúpula de la catedral de Florencia, una cúpula que hasta entonces nadie sabía cómo hacer y que realizó Brunelleschi.

Porque hoy se les llama artistas, pero entonces Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Brunelleschi y otros muchos eran en realidad artesanos.

Esa cúpula fue una obra pública muy visible que sirvió para consolidar y aumentar el poder de los Medici. ¿Por qué cayeron los Medici? ¿Por qué perdieron el poder?

Bueno, fue un proceso de degeneración…

Los últimos Medici cometieron errores garrafales, y el más grave de todos ellos en mi opinión fue abandonar la banca. Los Medici actuaron como mecenas por marketing y porque eran inmensamente ricos, y esa riqueza procedía de la banca. Los Medici tenían bancos, sucursales, holdings… Y al abandonar la banca perdieron su principal fuente de ingresos.

Fue una gran duquesa la que tomó la decisión de que los Medici se deshicieran de la banca, sentenció que no era correcto que quienes ostentaban el poder político tuvieran en sus manos también el poder económico.

¿Se siente orgulloso de ser un Medici?

Sí. Es increíble que más de tres siglos después de su caída la familia Medici siga viva, presente, que se estudie en las escuelas, que se hable de nosotros en las universidades… Ninguna familia del mundo ha conseguido tanto como los Medici.

¿Y cuál es la crítica contra su familia que más escucha?

La verdad es que la gente no se atreve mucho a criticarnos. La reacción más habitual es de sorpresa: "Ah, ¿pero todavía siguen vivos?".

Después de ocho siglos, los Medici están a punto de extinguirse. Ni usted ni su hermano, los últimos descendientes de esa familia, tienen hijos…

Así es. Es el destino. Yo me he casado varias veces, y mi hermano igual, pero ninguno de los dos hemos tenido hijos. Pero lo realmente milagroso es que los Medici hayamos llegado hasta hoy.

¿Le entristece que con usted y su hermano llegue a su fin una de las familias más conocidas de la historia?

No. Lo que hemos hecho está presente, nos sobrevivirá, y no cambiará porque haya descendientes o deje de haberlos.

Yo he tratado de realizar mi pequeña aportación a la familia, escribiendo libros históricos. No creo que mis libros sobrevivan el paso de los siglos, pero lo que hicieron mis antepasados sí que lo hará.

Su familia ha dado a la Iglesia tres Papas…

Tres Papas verdaderos y uno falso. León X, Clemente VII y León XI eran Medici. Pío IV se hacía pasar por Medici pero en realidad no lo era: se llamaba Medicino, pero se cambió el apellido a Medici porque le parecía prestigioso.

Tener un Papa en la familia era fundamental, porque el Papa representaba el poder con mayúsculas, era el poder: los emperadores tenían que ser coronados como tales por el Papa. Carlos I de España y V de Alemania, por ejemplo, fue coronado emperador por Clemente VII.

¿Los Medici eran maquiavélicos? Al fin y al cabo Maquiavelo vivió en tiempos de Lorenzo de Medici y su obra cumbre, "El Príncipe", se la dedicó a él…

Seguramente los Medici eran maquiavélicos.

Para mantenerte en el poder 300 años hay que ser por fuerza maquiavélico. Además, en esa época la lucha entre las familias por el poder era durísima. Los Medici se enfrentaron durante siglos contra otras familias. Eso, obviamente, creó mucho odio, muchos celos.

¿Cuál de todos los Medici le resulta más simpático, cuál es su preferido?

Ana María Luisa, una Medici bastante desconocida. Fue fundamental para Florencia y toda la región de Toscana.

Como ya le he comentado, una de la grandezas de los Medici es que todos los miembros de la familia hacían mecenazgo. Y eso desembocó en que al final hubiera una gigantesca colección de arte que se acumulaba en los palacios de la familia Medici.

Ana María Luisa de Medici no tuvo hijos y, en lugar de dejar todo a sus primos y demás familiares y que de ese modo la colección de arte se dispersara, decidió regalársela a la ciudad de Florencia para que permaneciera unida y sirviera para la memoria de la historia.

Surgió así, gracias a ella, el primer museo del mundo.

Todas las maravillas que hoy se pueden contemplar en Florencia vienen de ella, quien además prohibió expresamente que lo que donaba a la ciudad pudiera salir de Florencia.

Gracias a eso, a la visión de futuro que tuvo, Austria se vio obligada a devolver a Florencia numerosas piezas que se había llevado durante la ocupación austriaca de Italia.

La historia de los Medici tiene también otra cara llena de odios, intrigas, luchas feroces…

Y todo eso es absolutamente cierto. Ha habido mucho odio contra nosotros, tanto como admiración.

Basta con recordar que en 1478, durante la misa solemne en la Catedral, justo cuando el sacerdote levantaba el cáliz hubo un atentado contra los Medici en el que murió Juliano de Medici y su hermano Lorenzo resultó herido de gravedad.

Los Medici tenían enemigos acérrimos, y es comprensible que los tuvieran: exiliaron a muchas familias de Florencia, les expropiaron sus bienes… Para mantenerse en el poder en aquella época había que tener pocos escrúpulos, y no creo que haya cambiado mucho la situación. La lucha por el poder deja muchos delitos.

¿Qué siente cuando visita Florencia, la ciudad que durante tres siglos dominó su familia y donde por todos lados hay vestigios de los Medici?

Cuando voy a Florencia experimento un sentimiento muy particular.

Por un lado veo el pasado de los Medici, pero al mismo tiempo percibo que siguen estando muy presente. La gente, cuando se entera de que soy descendiente de los Medici, se acerca a saludarme, a estrecharme la mano…

Una vez visité un palacio cerca de Florencia y la directora cerró el museo durante una hora para que lo pudiera visitar tranquilamente.

Al salir, había corrido la voz de que yo era un Medici y toda la gente que esperaba para entrar se acercó a saludarme. Represento algo, está claro. No se imagina por ejemplo la de cartas y correos electrónicos que recibo de artistas que me piden mi opinión sobre sus obras, de personas que me piden ayuda para el mecenazgo…

¿Usted, como buen Medici, ha continuado la tradición de su familia y hace mecenazgo?

No, no hago. Quizás, por los problemas burocráticos infinitos que conlleva. Pero trato de ayudar a través de una fundación para nuevos artistas con sede en Francfort.

Usted es un Medici pero nunca ha vivido en Italia…

Mis padres huyeron del país durante el régimen fascista muchos años antes de que yo naciera y se instalaron en Argentina primero y en Suiza después.

Yo he vivido en Suiza 28 años y la verdad es que me siento más suizo que italiano.

De hecho, cuando voy a Italia me reciben como a un extranjero, me dicen que mi italiano no es perfecto, que tengo acento de fuera. Pero también me siento italiano, por supuesto, siento que pertenezco a un núcleo privilegiado por ser un Medici.

¿Cómo le han educado siendo un Medici?

A mi hermano y a mí nos educaron con la idea de que formamos parte de una familia especial, una familia aparte, una familia ex reinante que ese encuentra en el punto de mira, en el ojo del huracán. Y eso crea ciertos problemas.

Por ejemplo, no podemos decantarnos públicamente por un partido político, no podemos emitir juicios a favor de este o en contra de aquel… A los Medici nos han educado para que mantengamos alto el nombre de la familia, y creo que lo hemos conseguido. De hecho, en los últimos años no ha habido escándalos en la familia Medici.

¿Cómo nació su vocación literaria?

Por casualidad. Estaba en Barcelona, me llamaron para que presentara un libro sobre el mecenazgo de la familia Güell hacia Gaudí y me dijeron que cómo era que no escribía libros sobre mi familia.

Existen millones de libros sobre los Medici, pero me pareció que podía ser interesante contar a los Medici desde el interior.

Escribí así mi primer libro, "Los Medici, nuestra historia", y fue un gran éxito, se tradujo a 17 idiomas.

Luego escribí otro libro, una novela histórica sobre Caterina de Medici, otro personaje que me encanta. De hecho, creo que las mujeres siempre son más interesantes que los hombres. Ese libro también fue un éxito. Desde entonces, cada dos o tres años escribo un nuevo libro, y ya van nueve.

¿Y sabe ya de que tratará su próximo libro?

Sí. Será un libro que no tendrá nada que ver con la familia Medici.

Será sobre Romain Gary, el único escritor que ha ganado dos veces el premio Goncourt, el más importante galardón literario francés y que sólo se puede ganar una vez en la vida.

Gary lo ganó en 1956, y a partir de ahí la gente comenzó a criticarlo, decía que había perdido el ingenio… Así que escribió un nuevo libro bajo seudónimo y volvió a ganar el Goncourt, demostrando de ese modo que las críticas eran falsas pero que pueden ser buenas para hacerte mejorar.

 Fuente, BBC Mundo.