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La mandataria brasileña afronta uno de los peores momentos: está al borde del juicio político y llegó a mínimos históricos en popularidad.

 

La crisis está en su peor momento. El martes, el mayor aliado del gobierno de Brasil, el PMDB, anunció su ruptura y se mostró dispuesto a apoyar el juicio político que la oposición quieren lanzar contra la presidenta Dilma Rousseff por malversación de fondos y corrupción. El ex presidente, Lula da Silva, tampoco está exento de la investigación.

Ante esta situación complicada, y pese a que había confirmada su asistencia a la Cumbre sobre Seguridad Nuclear organizada por Barack Obama en Washington, la mandataria brasileño canceló el viaje oficial.

De acuerdo al diario Folha de Sao Paulo, la presidenta tomó esta decisión porque no quiere que en su ausencia asuma el vicepresidente Michel Temer, líder del PMDB, que acaba de abandonar su alianza con el gobierno.

Temer está dispuesto a asumir la presidencia del país en caso que el impeachment contra Dilma Rousseff avance y la jefa de Estado sea destituida.

La popularidad de Rousseff se mantuvo cerca de mínimos históricos, según un sondeo difundido  en medio de la crisis política que enfrenta la mandataria tras la pérdida de su principal socio de coalición, lo que eleva el riesgo de que sea sometida a un juicio político, de acuerdo a la agencia Reuters.

La cifra de brasileños que consideran que el Gobierno de Rousseff es "bueno" o "muy bueno" subió levemente a un 10 por ciento desde el 9 por ciento de una consulta realizada en diciembre, según el sondeo de Ibope encargado por Comisión Nacional de la Industria (CNI).